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De ese tipo.

Cuando conoces a alguien que te abre los ojos ante la oscuridad que aguarda la realidad, te acabas convirtiendo en ese tipo. Ese tipo al que le cansa el peso de su alma porque todo en esta vida duele. Ese tipo que enferma con la decadencia putrefacta de la existencia. Ese tipo que, aunque desee amar, no encontrará a alguien que le de algo de brillo a la realidad que conoce. Ese tipo que no cree en futuros ni promesas porque sabe que todo acaba siendo una decepción, que las personas son una decepción constante, que nosotros mismos somos la mayor decepción que podemos conocer.
Él me regaló flores, flores de papel, una primavera en un cuaderno hecho a mano. Me regaló la seguridad de saber que por fin encajaba al lado de otra persona. Me regaló la fuerza que poseo en lo erótico, y recuerdos llenos de arte y de conversaciones reales que empalmaban noches y días. Pero su legado final no fue más que la tristeza de convertirme en ese tipo, ese tipo de persona que se acabó decepcionando de él, …
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(Sin título, sin fecha, sin porqué)

Contigo he reinventado lo reinventado, lo que ya estaba inventado y lo que no se puede inventar. Es como un capricho querer hacernos sentir que somos únicos en este planeta repleto de almas y cuerpos sin vida. Querer besarte y desear que sea el mejor beso de todos hasta el próximo por venir. Querer decirte que te amo y que el tiempo se detenga, literalmente, para mirarte a los ojos y disfrutar del silencio de la respuesta. Y aún así nos nace todo tan natural. Es como una necesidad querer dar explicación a algo que no lo tiene; que por qué te quiero, por qué me quieres, por qué nos queremos y por qué el destino nos puso cara a cara en su tablero de ajedrez. Hay tantas cosas conocidas que son totalmente nuevas a tu lado que todo es una incertidumbre; tú eres incertidumbre, yo lo soy, el amor lo es... Pero moriría por vivir atada a este vaivén por una eternidad. Una eternidad de eternidades y de invenciones, y de cosas ya existentes que sólo tienen nuevo significado si a ellas les añado …

Que seas real.

Eres imposible. No terminas tus besos, ni tus caricias, ni el sexo. No terminas tus relatos, ni tus frases, ni tus despedidas. No terminas nada, no terminas con esto, no terminas conmigo, y de ningún modo lo consigues.  Quiero que acabes con mi alma, que utilices mi corazón para apagar los cigarrillos, que agarres mi mentón y me mires de la manera más sucia posible. Quiero que me dejes en nada cuando seamos todo. Y sentirme de todo cuando me digas "ya no me queda nada". Acabar agotados, exhaustos, con arañazos y dedos en las llagas. Quiero ser toda la parte perversa de una relación; la oscuridad, el dolor, las lágrimas... Si no me dueles para qué te quiero, si no me odias de vez en cuando, para qué te deseo, si no me echas en cara todas las veces que hemos enredado lengua con lengua y arterias de corazón, para qué quiero compartir mi vida contigo.  No estoy pidiendo que me machaques y me dejes por los suelos, te estoy pidiendo que seas una persona real; que sientas, que grites…

Espejo.

Pretendías que buscara en otros esas significativas motas que me hechizaban de tu iris.
Pretendías que le rezara al cielo para que apareciese otro cuerpo como el tuyo, con las mismas marcas de vida y los mismos lunares.
Pretendías, tú, que siguiera enamorada hasta morirme de agonía, cuando sabe todo el mundo que uno recibe lo que le corresponde de esta existencia. Y a ti te ha tocado la indiferencia y el olvido.
Me dejaste en el suelo con las rodillas ensangrentadas suplicando clemencia por un perdón que no me correspondía. En mí veías un espejo; de todo aquello de lo que pecabas y carecías, a mí se me inculpaba. Sin ningún tipo de trato, me condenabas a cadena perpetua por colgarme tu monumental muerto encima. Pero aquí está tu fin; ni eres único, ni eres especial. No eres diferente de los que ya me habían roto a pedradas tiempo atrás.

Querido, no hay chispa que avive la llama  nunca más aquí dentro;  te has ganado mi glacial invierno. Y por mí, ojalá que nunca  descanses en paz.

A ti.

Podría imaginar las líneas perfectas para nosotros, las más idílicas sólo para los dos. De verdad que podría, pero te estaría mintiendo.
Eres la flor más hermosa y exótica que ha llegado con toda su desbordante primavera a mí. Irradias el misterio y la poesía que tanto deseo en mi vida. Te guardaría en mis mayores anhelos bajo llave, y haría de ti inmortal historia. Pero no puedo. Porque para mí el futuro se presenta negro y un mundo en el que los dos coexistimos, no existe; de rocas afiladas se ve lleno nuestro camino. Uno de los dos acabaría muriendo de la pena en la realidad de la que tanto pienso. Y en el caso de que fuese yo nadie sentiría una pérdida mía más, fluiría ese hecho como el agua de un arroyo. Pero si llegaras a ser tú, nunca me perdonaría que todas tus flores no encontraran nunca más el color y se marchitaran, que todo tu arte se estancara en arenas movedizas, que no volviera a nacer tu primavera... El peso de esa culpa no la querría por egoísmo, porque no podría ser t…

Atardeceres.

Me sorprendió que volvieras.
Después de todas las guerras mundiales.
De todos los cuerpos arrasados
y de todas las almas que te cobraste.
De absorber mi corazón de manera insaciable.
De romper mi cuerpo por hacerme tu columna.
Me sorprendió, siendo tú tan grande y poderoso, 
que volvieras a levantar tu reino infernal en mí, 
jurando quedarte 
-para irte de nuevo
como bien sabemos los dos-.
Cuando soy pobre aldea devastada,
y te llevaste hace milenios
todas las riquezas que poseía.
Hasta la felicidad la tornaste en pasional desdicha
y como furioso dragón quemaste mi ser
para que nadie más quisiera vivir aquí.

De una capacidad infinita es mi pecho, tuyo.
De una ceguera motivo de brujería mis ojos,
que te han perdonado tanto.

Y sigo sin saber por qué has vuelto a mí.
Mi demonio favorito.


<<>> (2014)

M III.

Qué se podía esperar de una joven que al mirar a los ojos sentenciaba muertes. Que señalaba con su barbilla porque con el dedo te abría las llagas. Que cortaba manos de quienes osasen arrancar sus flores, y afilaba con cariño todas sus espinas. Qué se podía esperar de un cuerpo ardiente que desprendía un aura de soledad e invierno constante.
No se podía esperar nada.
Y en ese nada se escondía la mayor inocencia existida. Un ser mágico que miraba con asombro y curiosidad cómo era amar, que gruñia arisco con las caricias y los besos. Que rehuía de la felicidad que miraba atónita la belleza de sus flores y dejaba que sus espinas la arañasen.

Ella era la encarnación de los opuestos en un jarrón de porcelana fina, pero para los ciegos sólo era una incógnita. Y es por eso que muchos cuervos le han intentado sacar los ojos, y ningún fénix ha llegado a la página de su historia para convertirla en felices cenizas y gloriosa leyenda.