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(Sin título, sin fecha, sin porqué)

Contigo he reinventado lo reinventado, lo que ya estaba inventado y lo que no se puede inventar. Es como un capricho querer hacernos sentir que somos únicos en este planeta repleto de almas y cuerpos sin vida. Querer besarte y desear que sea el mejor beso de todos hasta el próximo por venir. Querer decirte que te amo y que el tiempo se detenga, literalmente, para mirarte a los ojos y disfrutar del silencio de la respuesta. Y aún así nos nace todo tan natural. Es como una necesidad querer dar explicación a algo que no lo tiene; que por qué te quiero, por qué me quieres, por qué nos queremos y por qué el destino nos puso cara a cara en su tablero de ajedrez. Hay tantas cosas conocidas que son totalmente nuevas a tu lado que todo es una incertidumbre; tú eres incertidumbre, yo lo soy, el amor lo es... Pero moriría por vivir atada a este vaivén por una eternidad. Una eternidad de eternidades y de invenciones, y de cosas ya existentes que sólo tienen nuevo significado si a ellas les añado …
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Que seas real.

Eres imposible. No terminas tus besos, ni tus caricias, ni el sexo. No terminas tus relatos, ni tus frases, ni tus despedidas. No terminas nada, no terminas con esto, no terminas conmigo, y de ningún modo lo consigues.  Quiero que acabes con mi alma, que utilices mi corazón para apagar los cigarrillos, que agarres mi mentón y me mires de la manera más sucia posible. Quiero que me dejes en nada cuando seamos todo. Y sentirme de todo cuando me digas "ya no me queda nada". Acabar agotados, exhaustos, con arañazos y dedos en las llagas. Quiero ser toda la parte perversa de una relación; la oscuridad, el dolor, las lágrimas... Si no me dueles para qué te quiero, si no me odias de vez en cuando, para qué te deseo, si no me echas en cara todas las veces que hemos enredado lengua con lengua y arterias de corazón, para qué quiero compartir mi vida contigo.  No estoy pidiendo que me machaques y me dejes por los suelos, te estoy pidiendo que seas una persona real; que sientas, que grites…

Lo que merezco.

Una de las grandes mujeres que han pasado por mi vida, me dijo una vez: "Tú te mereces a una persona madura, a una persona especial que tenga claro lo que quiere en la vida."
Pero hasta estos días me mostraba reacia a esas palabras, porque ¿realmente existe alguien así? Alguien que sepa a ciencia cierta lo que quiere y tenga su vida planeada al dedillo. Pero la muy aturdida de mí, no comprendió que le estaba dando el significado erróneo.
Porque existe alguien mayor que mi ser de todas las formas existentes, que ha sufrido infiernos iguales a los míos, que ha cubierto océanos con flores por amor, y que de todas esas experiencias ha llegado a una conclusión final; No importa lo que cueste, si se ama se intenta. No importa dónde estemos, si se ama se arriesga a dejarlo todo por ir allá donde esté el otro. No importa lo que seamos, si se ama la otra persona nos adorará incluso por los defectos de los que tanto nos quejamos. No importa que no confiemos en la humanidad, que nos gu…

Espejo.

Pretendías que buscara en otros esas significativas motas que me hechizaban de tu iris.
Pretendías que le rezara al cielo para que apareciese otro cuerpo como el tuyo, con las mismas marcas de vida y los mismos lunares.
Pretendías, tú, que siguiera enamorada hasta morirme de agonía, cuando sabe todo el mundo que uno recibe lo que le corresponde de esta existencia. Y a ti te ha tocado la indiferencia y el olvido.
Me dejaste en el suelo con las rodillas ensangrentadas suplicando clemencia por un perdón que no me correspondía. En mí veías un espejo; de todo aquello de lo que pecabas y carecías, a mí se me inculpaba. Sin ningún tipo de trato, me condenabas a cadena perpetua por colgarme tu monumental muerto encima. Pero aquí está tu fin; ni eres único, ni eres especial. No eres diferente de los que ya me habían roto a pedradas tiempo atrás.

Querido, no hay chispa que avive la llama  nunca más aquí dentro;  te has ganado mi glacial invierno. Y por mí, ojalá que nunca  descanses en paz.

A ti.

Podría imaginar las líneas perfectas para nosotros, las más idílicas sólo para los dos. De verdad que podría, pero te estaría mintiendo.
Eres la flor más hermosa y exótica que ha llegado con toda su desbordante primavera a mí. Irradias el misterio y la poesía que tanto deseo en mi vida. Te guardaría en mis mayores anhelos bajo llave, y haría de ti inmortal historia. Pero no puedo. Porque para mí el futuro se presenta negro y un mundo en el que los dos coexistimos, no existe; de rocas afiladas se ve lleno nuestro camino. Uno de los dos acabaría muriendo de la pena en la realidad de la que tanto pienso. Y en el caso de que fuese yo nadie sentiría una pérdida mía más, fluiría ese hecho como el agua de un arroyo. Pero si llegaras a ser tú, nunca me perdonaría que todas tus flores no encontraran nunca más el color y se marchitaran, que todo tu arte se estancara en arenas movedizas, que no volviera a nacer tu primavera... El peso de esa culpa no la querría por egoísmo, porque no podría ser t…

Atardeceres.

Me sorprendió que volvieras.
Después de todas las guerras mundiales.
De todos los cuerpos arrasados
y de todas las almas que te cobraste.
De absorber mi corazón de manera insaciable.
De romper mi cuerpo por hacerme tu columna.
Me sorprendió, siendo tú tan grande y poderoso, 
que volvieras a levantar tu reino infernal en mí, 
jurando quedarte 
-para irte de nuevo
como bien sabemos los dos-.
Cuando soy pobre aldea devastada,
y te llevaste hace milenios
todas las riquezas que poseía.
Hasta la felicidad la tornaste en pasional desdicha
y como furioso dragón quemaste mi ser
para que nadie más quisiera vivir aquí.

De una capacidad infinita es mi pecho, tuyo.
De una ceguera motivo de brujería mis ojos,
que te han perdonado tanto.

Y sigo sin saber por qué has vuelto a mí.
Mi demonio favorito.


<<>> (2014)

M III.

Qué se podía esperar de una joven que al mirar a los ojos sentenciaba muertes. Que señalaba con su barbilla porque con el dedo te abría las llagas. Que cortaba manos de quienes osasen arrancar sus flores, y afilaba con cariño todas sus espinas. Qué se podía esperar de un cuerpo ardiente que desprendía un aura de soledad e invierno constante.
No se podía esperar nada.
Y en ese nada se escondía la mayor inocencia existida. Un ser mágico que miraba con asombro y curiosidad cómo era amar, que gruñia arisco con las caricias y los besos. Que rehuía de la felicidad que miraba atónita la belleza de sus flores y dejaba que sus espinas la arañasen.

Ella era la encarnación de los opuestos en un jarrón de porcelana fina, pero para los ciegos sólo era una incógnita. Y es por eso que muchos cuervos le han intentado sacar los ojos, y ningún fénix ha llegado a la página de su historia para convertirla en felices cenizas y gloriosa leyenda.