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(Superhero)ine.

Me han quitado el arma hasta estar física y emocionalmente estable.

Lo primero es razonable; ciertos calibres de algunas pistolas te causan un “leve” daño en el brazo y el hombro con el retroceso en el disparo. Y en mi caso es una bala en el pecho la que me impide levantar un arma a más de quince centímetros…
Pero la segunda condición me parece una locura.

Por mucho que me recuperara y pudiera coger de nuevo mi pistola, el vacío de mi pecho me resulta más relevante que acertar en alcanzar o no, a un sospechoso en su huida. Y no me refiero al daño y a la marca del pequeño objeto de plomo que me han extraído.

De mi corazón emana algo más doloroso: se expanden los recuerdos que tengo junto a él como la luz y los colores en un caleidoscopio –su voz áspera, sus ojos oscuros y hundidos, su mano grande en torno a la mía y esa temperatura febril de su cuerpo protegiendo al mío del frío-. Me perforan el alma como balas disparadas con metralleta.

Este trabajo me ha forjado de hierro, y en este caso soy débil e indefensa como un ciervo ante un lobo hambriento. Ese lobo debería ser el nombre de la distancia, pero no hay peor fiera que la que se crea uno mismo.

Palabras como imprudente, despreocupada, insensible… resultaron ser en un conjunto la peor despedida que he presenciado en años ejerciendo. Sólo bastó una nota escrita por el frío ordenador para deshacerme en nada.

“La vida no es vida si me paso las 24 horas del día preocupado, con el corazón en un puño, porque llegues a casa sana y salva.
No me has querido entender, ¿dónde quedó tu empatía? Y me has engañado con la adrenalina en el olor de la pólvora recién quemada.
Esto es un adiós, has matado esta relación”

Renuncié a muchas cosas por este puesto, incluso al miedo por perder la vida de forma literal, y cuando el riesgo era mayor mi cuerpo pedía más. Resulta que al final perdí la vida de la forma que menos esperaba. Y tiene razón, el único modo que tengo de sentirme viva es éste.

Hasta que he comenzado a extrañar el sabor de sus besos insaciables, la fuerza de sus brazos al rodearme, el dulzor de tono cansado y a la vez aliviado de sus “esta noche eres mía”.

Preferí creer que era una heroína cuando realmente el héroe era él.

<<Sálvame de los criminales; el frío y la oscuridad de nuestra habitación cuando el sol cae>>

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