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¿Y si me ahogo?

A estas alturas creo, en ciertos momentos, que el agua que cae del grifo de la ducha es mi alma gemela.
Como alma felina lame cada recoveco de mi piel sin dejar pasar ni un solo moratón, arañazo, imperfección, resto de contaminación y suciedad.
Calma mi tembleque irregular cubriéndome con su calor, y tranquiliza mi agitado y desconcertado ánimo, nublando mi vista con el vaho.

Comprende que las apariencias importan igual que lo que se siente y por eso me cuida tanto.

Pero no deja de ser imperfecta para mí. Porque aunque relaje mi cerebro y le proporcione un anestésico que solo me obliga a acostarme por estar cansada, no lame cada recoveco de mi alma…
Por lo que sigo igual de rota, frágil, vulnerable, dolida, violada, torturada, traumatizada, decepcionada, entristecida, vacía, perdida, sola y locamente enamorada.

Y aun dejando en el desagüe las lágrimas con rímel que murieron en mis mejillas –junto a todas esas cosas-, al secarme las sigo sintiendo, incluso como si estuviesen llegando hasta el precipicio de mi barbilla.

Es como cuando a una persona le amputan un brazo o una pierna, que incluso habiendo cicatrizado el corte después de muchos días, afirma seguir sintiendo los dedos, incluida la sensación de estar moviéndolos aunque ya nadie los vea.
Y es como me siento yo, que después de intentar purificar mi cuerpo –ni en las llamas más crueles del Hades podría- sigo sintiendo como me escuecen las mejillas por unas lágrimas que ya se han borrado.

Siento como si fuera un fantasma de mejillas para abajo y pienso si son los dolorosos recuerdos los que causan esa sensación en la piel.

Quizá si algún día se olvida por qué se lloraba, el fantasma de esas lágrimas desaparezca definitivamente.
Y si no se olvida estaría bien convertirse en una triste sirena.

Pero hay algo más que el agua no puede curar.
Es que en el espejo cuando el vaho se disipa –como la niebla en los bosques los amaneceres soleados- y consigo verme más allá de un cuerpo casi sin vida, mis ojos están rojos.
Rojos como si hubiera enfermado de algo alarmante, como si mi corazón hubiese desbocado al final por tanto dolor, y sufriera una terrible hemorragia interna.

Está claro que el agua no puede curarlo todo.
Y creo que voy a volver a ducharme.

Comentarios

  1. !Hola, muy buenas!
    Para tu sopresa, no voy a alagarte ni a dejarte la publicidad de mi blog -bueno, a alagarte sí, en cierta manera-
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