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Mostrando entradas de mayo, 2014

Querido Áyax.

[01:11 AM]
El graznido de una gaviota, fuerte, repentino, inesperado, la mejor señal en una ciudad para saber que cerca está la infinidad que une continentes; mar. Quizá no habría soportado esta noche su sonido si no fuese porque te encontré dormido a mi lado. Boca abajo, tan plácidamente, con tu espalda desnuda... No pude evitar el pasar lista de cada uno de tus lunares, de alinearlos en una secuencia y nunca dejarlos romper filas y a mi sorpresa encontré uno más. Y cada noche querría encontrar uno más.
¿Sabes? En los días te pierdo en el puerto porque según tú ese navío no se defiende sin ti, y me hundo cada vez que te veo marchar. Mis lágrimas caen al mar, se confunden en la espuma y chocan contra los arrecifes, y sé que eso es dolor. Pero cuando cada noche veo que has vuelto a mi lado, ese olor salino, fresco, veraniego, nostálgico... Me vuelve realmente feliz. No llego a comprender si estas contrariedades-como rocas musgosas hundidas, que tanto me recuerdan a tus ojos grises con esa…

Freiheit.

Ayer vi un pájaro en la acera, uno de esos pocos que miran hacia el cielo sin saber qué hacer.
No quise moverme, él no me había visto, y yo quería saber qué sucedía, por qué no se movía. Y entonces tomé una bocanada de aire tras aguantar la respiración por unos segundos y, con la intuición y precisión exacta de un animal salvaje, giró la cabeza para contemplarme al igual que yo lo había hecho hasta entonces. Pero seguía sin moverse.
Di un pequeño paso al frente y él –al fin- hizo lo mismo, e incluso intentó alcanzar el hueco de una ventana no muy lejana, y entonces comprendí que no podía volar. No podía volar…
Cómo un ser al que este maldito destino le otorgó la virtud que todo hombre desea, no podía volar. Cómo un ser que es la perfecta figura de libertad, esa libertad de la que tantos filósofos y poetas descarrilados hablan, no era libre.
Quería que esa pequeña vida volviera a emprender su camino, que sabía que nunca había sido ese, el de la superficial y patética tierra. Y lo aparté a un …

Amar.

Me siento ridícula al pensar que me he visto al borde del precipicio tantas veces como he abierto mi corazón a alguien ajeno, que he buscado tantas miradas cómplices en un bus como amores lejanos que pudieran sacarme de este infierno. Pero, duro es saber, que se trata de mi infierno. Que esta caja sangrante y reparada en cientos de ocasiones es el infierno que me da la vida y no puedo buscar un héroe que me libre de él –como si ser inmortal y no necesitar sentimientos fuese algo simple-.
¡He llorado en tinta tantas veces este dolor continuo que me mueve!
He sangrado el amor incondicional en un par de ocasiones y aun así tuve que suicidar una parte de mí en ese precipicio. He tenido que asesinarme a mí misma por otro corazón tan ardiente como éste. Me he visto sumida en la soledad y duele lo mismo que amar siendo o no, correspondido… Y por eso he estado a punto de no ser yo, o quizá ya no sea yo y no recuerdo el momento en el que dejé de serlo.
El amar solo me ha brindado tanto dolor como …