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Amar.

Me siento ridícula al pensar que me he visto al borde del precipicio tantas veces como he abierto mi corazón a alguien ajeno, que he buscado tantas miradas cómplices en un bus como amores lejanos que pudieran sacarme de este infierno.
Pero, duro es saber, que se trata de mi infierno. Que esta caja sangrante y reparada en cientos de ocasiones es el infierno que me da la vida y no puedo buscar un héroe que me libre de él –como si ser inmortal y no necesitar sentimientos fuese algo simple-.

¡He llorado en tinta tantas veces este dolor continuo que me mueve!

He sangrado el amor incondicional en un par de ocasiones y aun así tuve que suicidar una parte de mí en ese precipicio. He tenido que asesinarme a mí misma por otro corazón tan ardiente como éste. Me he visto sumida en la soledad y duele lo mismo que amar siendo o no, correspondido… Y por eso he estado a punto de no ser yo, o quizá ya no sea yo y no recuerdo el momento en el que dejé de serlo.

El amar solo me ha brindado tanto dolor como días atada a otra vida, a otro corazón, a otro infierno... Y textos de este tipo, donde solo sufro en letras porque no sé cómo se es feliz amando.

He amado tanto como he dejado que me mintieran, tanto como me he arrastrado por más dolor sin saber por qué, tanto como he respirado.
Y amar tanto como respirar es cruelmente excesivo, porque te convierte en Sísifo y te condena a acarrear con una piedra, con otro ser, en la pendiente de una enorme montaña. Y justo cuando tu alma se ve en la cima, colmada de todo lo necesario para hallar esa felicidad, la piedra cae y de nuevo debes bajar y acarrear con ella.

Dioses, cuántas veces he soñado con parecer hierática, de hielo, tan fría como el ártico, tan blanca como su nieve sin mostrar ni un vestigio de vida por mis venas, solo para que nadie sintiera la necesidad de hacerme cómplice del paso de sus días.

Yo no quería sentir cómo alguien se destrozaba o cómo se arruinaba o cómo me amaba hasta doler, porque yo sé cómo es amar hasta morir y es tristemente ridículo.


Y más ridículo es, aun si cabe, sentirse tan viva como la naturaleza en plena primavera, cuando el amor me azota con esa crueldad y me deja tantas veces sola en mi miseria.

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