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Freiheit.

Ayer vi un pájaro en la acera, uno de esos pocos que miran hacia el cielo sin saber qué hacer.

No quise moverme, él no me había visto, y yo quería saber qué sucedía, por qué no se movía.
Y entonces tomé una bocanada de aire tras aguantar la respiración por unos segundos y, con la intuición y precisión exacta de un animal salvaje, giró la cabeza para contemplarme al igual que yo lo había hecho hasta entonces.
Pero seguía sin moverse.

Di un pequeño paso al frente y él –al fin- hizo lo mismo, e incluso intentó alcanzar el hueco de una ventana no muy lejana, y entonces comprendí que no podía volar.
No podía volar…

Cómo un ser al que este maldito destino le otorgó la virtud que todo hombre desea, no podía volar. Cómo un ser que es la perfecta figura de libertad, esa libertad de la que tantos filósofos y poetas descarrilados hablan, no era libre.

Quería que esa pequeña vida volviera a emprender su camino, que sabía que nunca había sido ese, el de la superficial y patética tierra. Y lo aparté a un lugar más seguro, le di un poco de agua…

Pero hoy comprendí que yo nunca podría ayudar a otro cuerpo a volar.
Esa ave no sobrevivió.

Ahora sé que yo nunca podría conseguir que otra alma fuera igual de libre que lo fue ese pájaro en su vida. Nunca podría darle alas a otra persona a raíz de lo que creo en mi mente, ni de lo que emana de mis manos.

Nunca sería Dédalo, ni tendría un Ícaro al que hacer libre…

No fui capaz de salvarlo incluso compadeciéndome tanto por su infernal infortunio, el de estar ligado a lo terrenal. Y esa pequeña vida que yo no pude salvar, ahora me pesa en el pecho.
Porque comprendo cuan vulnerable es un mismo cuerpo virtuoso y libre, como este que a mí me ata. Y qué ironía.

Que frágil vi a una de las pocas vidas que pueden huir de un infierno para sobrevivir en otro, y yo aquí siempre en el bucle incesante de mi propio infierno…
Y saber que no hay diferencia entre él y yo. Que él es libre, vuela, y siente las ráfagas heladas del viento acariciando las plumas de sus alas, y aún así puede caer y nunca volver a volar. Que yo me quejo de los demonios que caminan entre tantos cuerpos sin vida, y deseando volar también podría hundirme más.

O en otro de mis intentos de Victor Frankenstein, hundir a alguien más.

Comentarios

  1. deseando volar también podría hundirme más o hundir a alguien más, me ha encantado, un texto muy potente, de verdad. Un blog precioso, te sigo :)

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    1. Muchísimas gracias.
      Me llena de satisfacción que a gente como tú (que escribe como yo y muchos) le lleguen este tipo de textos, es algo difícil teniendo en cuenta que las historias de amor con finales felices predominan en este mundillo.
      Te lo agradezco de veras, y te sigo de vuelta.

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  2. Hay veces que intentamos a ayudar a alguien, y lo que primero necesitamos es que nos ayuden a nosotros mismos.
    La libertad es algo que se consigue volando, o simplemente haciendo lo que uno desea.
    Creo que has plasmado muy bien la idea de fragilidad y vulnerabilidad. ¡Me ha gustado!
    Un besito Nayla

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    1. También podemos encontrar nuestra propia salvación en la que le ofrecemos a otra persona. Curar almas, o coser corazones rotos muchas veces nos da ese punto de vista casi resplandeciente como el sol, que nos muestra lo perdidos que estábamos.
      Aunque no he añadido en esta entrada algo tan primordial como que la misma salvación que damos y recibimos, también nos convierte en vulnerables extremos; pues abre nuestro ser a otro y ese otro puede meter el dedo en la yaga cuando quiera.
      Me encanta recibir comentarios como el tuyo, te estoy muy agradecida, también por expresar que este texto te ha agradado.
      Dos besitos y un abrazo fuerte para ti, Martina♥

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  3. Algo dentro de mí se ha quedado completamente helado al leer esta entrada. Es desgarrador lo que has escrito: un pájaro cuyas alas son inservibles, que no podrá alzarse al vuelo y sentir la brisa en sus plumas. Y esa frustración por no poder ayudar a un ser tan bello, tan nacido para ser libre... Es desalentador, de verdad.
    (Seguiré por aquí).
    Un beso.

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    1. Me enorgullece que hayas comprendido el doloroso trasfondo que esta entrada acarrea consigo.
      Y me encanta que te quedes por aquí, espero brindarte más momentos como éste con temas variados.
      Un abrazo fuerte y un besito, Celia.

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