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Meet me in Berlin.

<<¿Necesitaré decírtelo, a ti que has sufrido más que una vez viéndome pasar de la tristeza a la alegría más alborotadora, y de una dulce melancolía a la pasión más violenta? Trato a este pobre corazón como a un niño enfermo; le concedo cuanto me pide...>> 
Carta del 13 de mayo
Las desventuras del joven Werther
por J. W. Goethe.

Quizá lleves razón.
Me he portado como la más feroz de las madres en el mundo animal, como una loba solitaria que tiene que funcionar como un alfa para su cachorro; he protegido tanto mi amor incondicional que ahora ya no sé vivir de otra cosa, ni de la propia vida.

Quizá yo solo escribía y él era el que recreaba de forma precisa los mejores escenarios para mis relatos. La magia, la lírica, la narrativa emanaba solamente de sus manos, de sus palabras, de su respiración para envolverme más tarde en mi estudio, para absorber cada ápice de mi memoria y mi conciencia, para, simplemente, hacerme escribir.
Y ahora puede que yo no sea nada, que me haya dejado consumir por su boca como un cigarrillo, o que simplemente sea una raída versión de él, de sus "ámame, yo te dejo", o de todas las veces en las que sus labios invocaban mi nombre como si hubiera sido una necesidad vital. Que, quizá, cuando me llamaba solo así yo sentía que existía, aunque con él todo era más un sueño que una cruda realidad, y aun así no me preocupé en leer, o en contar los dedos de mi mano para asegurarme de que no dormía.
Igual yo solo soy uno de sus recuerdos, uno de esos superficiales, como el de un amigo imaginario. Solo el recuerdo de un fantasma que ojalá hubiese existido para llevar a cabo cada punto de una lista de deseos que quedó en el olvido.

Realmente ahora me haces dudar. Es posible que yo no sea nadie, que sea una sombra que vive de una penumbra. Una sombra tan insignificante, triste y solitaria que con cualquier eclipse de luz se desvanece para no volver, o para volver de nuevo y de manera más débil, tras su cuerpo.
Puede que sea un saco de huesos robotizado, que camina vagamente por las calles esperando a que su mirada, siempre, me vuelva a atrapar, a que me haga de nuevo su objeto, para escribirle, para que sea de nuevo la mitología que redacto, para elaborar una nueva lista de deseos.
Puede que ahora mismo ni mantenga esta discusión contigo; podría ser yo misma, en un mundo paralelo, discutiendo con fotografías sobre mi vida, descontenta con mi alma, con mi amor, y quizá con todo lo que he llegado a escribir.
Podría ser otra, la cual no le necesitara como columna vertebral, otra a la que no le importara que se callara los momentos idóneos para demostrar un apasionado amor. Otra, desintoxicada de sus vértices, de sus horizontes y de su futuro predecible.

Pero soy esto; un matojo de inseguridades que busca un determinado cuerpo discorde con su vida casi perfecta. Una caperucita que por las noches llora en el pecho del lobo, que le grita cuánto lo necesita para sobrevivir a las jodidas "aventuras" del día a día, que inhala cada calada de humo de su tabaco caro.

Un alma en pena que repasa
cada línea de sus tatuajes,
que ve arte donde él solo bebe
Dandelion and Burdock,
que escribe libros de donde él solo crea
canciones de tres minutos.

Dios ¿qué narices digo? No sé qué pretendo con cada una de estas líneas sin conexión alguna, con estas palabras quizá tan vacías como yo porque realmente es verdad que no sé lo que quiero, o es verdad que realmente no se si soy. Quizá me abra tanto con esto que llegue al punto de partida sin encontrar solución, y con más cajones abiertos que cerrados.
Quizá no existo porque él, en el fondo, no quiere que exista en su vida, porque me duele saber que puede vivir sin mi cuando yo necesito sus letras alborotadas en los cuadernos, sus lunares que incitan a venenosas galaxias, o sus ojos tan oscuros como el Mar Negro que aguardo en mi corazón.
Este corazón que, como bien dices, trato como a un niño enfermo al que le concedo todo cuanto pide, como el volver, de forma incesante, hacia el único amor que me ha movido en la vida, aunque para ello, no tenga que existir como persona.

He dejado una vida escrita en prosa por un amor incondicional que me mueve, pero me des-existe. Por un cuerpo del cual soy sombra.
Una sombra que se mojaría por él en cualquier calle de Berlín, en cualquier pequeño pueblo alemán, perdido y nublado, que llevara su nombre y aroma.
En cualquier lugar donde él solo sabría buscarme si quisiera, allí donde solo escucho su voz y veo su rostro porque me resultan las mejores metáforas.
Y ahora
¿qué le hago si estoy perdida en su propia existencia? 
Si chocó contra mi pecho
como un conductor temerario, sin utilizar el freno,
sin importarle si saltaba el airbag,
simplemente porque yo era la víctima perfecta
a la que arrollar
con su sonrisa jodidamente devastadora...


Quizá lleves razón, realmente estoy perdida por él.

Y solo tú podrías mostrarme la verdad, 
parte racional y lógica del pequeño vestigio de humanidad
que queda en mí.


Comentarios

  1. El problema quiza se basa en que esperamos mas de lo que obtendremos, porque noa gusta dar pero no recibimos nada a cambio y eso duele y carcome el alma, la poca que nos queda.
    Nos va dejando poco a poco un vacio que no se llena con nada, un hueco tan proujndo que cuesta respirar y asi vamos por la vida con una sonrisa finjida y la cabeza en alto.
    Pero pocos ven la verdad, pocos ven que nos encariñamos del predador... pero aunque nos juzgan no nos importa y ahi vamos, sabiendo la fragilidad de nuestro se a acercarnos a una caverna, a la jauria de lobos.


    Os espero en mi blog lesruespourelle.blogspot.com

    Cariño ♡

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  2. Pero lo que menos "duele" es el dar un 110% y recibir menos de la mitad, lo que realmente duele es que un día te digan "estoy dispuesto a depender de ti todo lo que haga falta" y que eso nunca llegue a cumplirse. Que él sea tu droga y tú la drogadicta terminal, y prácticamente que también sea el camello que te pasa la "mierda".

    Gracias por pasarte y comentar. Lo valoro muchísimo♡

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