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Mostrando entradas de octubre, 2014

Lluvia I.

Me he dejado evaporar.
Cada beso quema,
cada caricia arde.

Tus ojos siempre fueron fuego,
llama viva de la incertidumbre.
Yo siempre fui Pérsefone cautiva,
y tú, infierno donde cautivar.
Y me he dejado evaporar.
Cada beso quema,
cada caricia arde.

Tus notas eran brisa,
mis labios sonreían sin cesar.
Tu música era el viento,
y yo la pluma a la que elevar.
Pero me he dejado evaporar.
Cada beso quema, 
cada caricia arde.

Tus engaños originaban tormenta,
y en mi pecho quería estallar.
Mi garganta no aguantaba
cada 'te amo' ahogado entre sollozos.
Tus manos no cubrían
cada pedazo de mi corazón entre estos escombros.
Y mis ojos...
Mis ojos no soportaron,
-dentro de su belleza que tantos otros admiran-,
esta lluvia incesante que se derrama
como esta tinta en mis venas.

Esta lluvia que me deja empapada
como océano entre océano a la deriva.
Porque me he dejado evaporar.
Porque cada beso quema,
cada caricia arde,
en este mapa mundi
sin hueco por explorar.

En este mapa mundi
sin aventurero al que envolver.


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