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Que mueras, porque ya has muerto.

En ti encontré el profundo amor
por el odio,
el significado más humano
para el infierno,
el placer en el pecado
a ciegas,
y la verdad más real
en todas tus mentiras.

En ti yo me formé
y rompí filas,
mas en ti no volverás a encontrarme.

Me amo tanto como te amé,
y como muerto has acabado en mí.

Y aquí está tu maldita lápida.
Estos dedos que antes te tocaban,
ahora escriben,
más en tinta invisible,
tu patética necrológica.


Que no descanses en paz.
Amén.

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Comentarios

  1. Me quitaría el sombrero, si tuviera uno y lo llevara puesto, al igual que aplaudiría desde la habitación en la que me encuentro si supiera que podrías escucharlo.
    No sé cómo haces que viva lo que escribes como si por un momento todas esas sensaciones fueran mías, pero gracias, siempre me ha gustado cambiar de piel unos minutos.

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    Respuestas
    1. Las gracias no se dan en este tipo de situaciones. Las gracias se dan cuando alguien como tú hace más especial lo que has escrito. Tus palabras me han alegrado de una forma que desconocía, y quizá por eso no tengo mejor forma de responderte. Ojalá pases mucho más por aquí, y ojalá dejes más comentarios increíbles, sean para bien como para mal.
      En serio, de todo corazón, gracias a ti.

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