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Qué tendrás, poeta maldito.

Hallelujah.
Grita mi alma cuando haces de mi cuerpo tu poesía.

Mis manos se excitan si rodean tu cuello, si recorren caminos invisibles sobre tu espalda.
Contaminarme tiene sentido si es de la nicotina que consumes, embriagarme es encontrar tu olor a la copas nocturnas de Dandelion and Burdock, por las mañanas.

Tus demonios me embaucan cuando repaso tus entre-líneas. 
El sabor de tu boca no es más pasional que el de tu tinta.


Encontrar tu figura enferma, y aparentemente vacía, mirando por la ventana, es la mejor invitación a la cama. Y pedirte, en tus madrugadas en vela, que me hagas el amor más allá que en tus notas, es como decir 
<<Resuélveme este crimen, Sherlock Holmes>>

Pero lo idílicamente frustrante que tiene el morir un poco más en cada uno de tus abrir y cerrar de ojos, es que no llego a comprender cómo un maldito poeta, maldito como tú, es la ambrosía de mi ínfima existencia. 

Que el infierno que estás hecho sea mi paraíso, 
que entre tus brazos yo encuentre mi eutanasia.

Que cuando pareces intocable, impenetrable, forjado de hielo, es como más te deseo, como más se aviva mi sed, mis ganas de rozar aunque sea, tu alma marchita. Y en los fugaces momentos en los que meto el dedo en tus yagas, te vuelves tan ardiente que temo quemarme por dentro.

Pero es así como me apasionas, 
fantasma en vida, 
sombra a la luz del día, 
dios de la noche, 
Adonis de la decadencia. 

Has conseguido conmigo lo que Hades con Perséfone; hacerme tuya a la fuerza.
Con la misma fuerza que ejercen mis labios sobre tu torso cuando necesito un respiro, cuando al hueco de tu clavícula imploro. 
Y he aquí la mujer fatal en la que me has convertido, pidiéndote cada día que no olvides clavar tus garras de lobo solitario sobre mi carne, como en aquella escultura de Bernini.

Sigue llorando en silencio y sobre papel, 
yo seguiré lamiendo tus mejillas.
Hazme batallas bélicas y mitología.
Llámame con el nombre de todas las musas 
y todas las diosas.
Por y para tu siempre, 
la tua cantante.




Comentarios

  1. Creo que si no tengo práctica en dejar comentarios es porque nunca lo he hecho, no pensé que una entrada pudiera gustarme como lo ha hecho en concreto la que acabo de leer, durante unos instantes he sentido en anhelo que deja el aura maldita de un poeta lejano, uno de esos que parecen observar el mundo sin vivir en él.

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