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Mostrando entradas de marzo, 2016

De esta forma especial.

Hay días como noches,
y ganas como la manera
que tengo de mirarte.
Siempre de cerca, fijamente,
sin parpadear -directamente al grano-.
Hay amaneceres como atardeceres,
y sólo un tono anaranjado
en tus ojos.
Hay ángeles como demonios,
y entre todos, tú.
Hay libros como historia,
y yo tengo esta maldita forma
especial de desearte.
Porque hay días como noches,
y ganas...
Estas ganas de ti.



La brújula apunta siempre en la misma dirección.

He tomado varias copas con el destino, y en su embriaguez ha confesado que es él el que siempre se pone en medio y tira de nuestros hilos, hace un nudo y nos mantiene lo suficientemente juntos como para no olvidarnos del otro.
Ha confesado, y le he hecho firmar la declaración. Es él, es él, el que juega a ser Dios con nuestras vidas, el que origina estas vagas conversaciones, estos encuentros repentinos, el que nos hace mirar hacia el punto exacto para que nuestros ojos se enlacen en mitad de un abismo.
Y estoy harta.
Siempre que sangro, tú me dueles. Hasta en las tiritas te recuerdo. Y vuelves -siempre vuelves a mí- y soy ese pañuelo, ese hombro, ese hogar. Y te marchas, no encuentro consuelo ni entre las páginas, y la esperanza se intenta suicidar -está tan tocada que ya no sabe ni quién es, que escucha tu nombre y se vuelve loca, grita, sufre, y ama de nuevo tu imagen-.
Eres la cura y los efectos secundarios al mismo tiempo; estas náuseas siempre se acompañan de risas pero... Por qué s…