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La brújula apunta siempre en la misma dirección.

He tomado varias copas con el destino, y en su embriaguez ha confesado que es él el que siempre se pone en medio y tira de nuestros hilos, hace un nudo y nos mantiene lo suficientemente juntos como para no olvidarnos del otro.
Ha confesado, y le he hecho firmar la declaración. Es él, es él, el que juega a ser Dios con nuestras vidas, el que origina estas vagas conversaciones, estos encuentros repentinos, el que nos hace mirar hacia el punto exacto para que nuestros ojos se enlacen en mitad de un abismo.
Y estoy harta.
Siempre que sangro, tú me dueles. Hasta en las tiritas te recuerdo. Y vuelves -siempre vuelves a mí- y soy ese pañuelo, ese hombro, ese hogar. Y te marchas, no encuentro consuelo ni entre las páginas, y la esperanza se intenta suicidar -está tan tocada que ya no sabe ni quién es, que escucha tu nombre y se vuelve loca, grita, sufre, y ama de nuevo tu imagen-.
Eres la cura y los efectos secundarios al mismo tiempo; estas náuseas siempre se acompañan de risas pero... Por qué siempre te marchas -y por qué siempre vuelves-.
Por qué la brújula apunta siempre en la misma dirección, ¿acaso nuestras vidas se alteran con imanes? -podríamos ser el mismo polo y no volver a chocar nunca más-.
Quisiera que el destino nos -me- dejase en paz; que si vuelves sea para quedarte, quedarte conmigo y con nadie más, quedarte para siempre y que si no es para siempre para un periodo de tiempo que lo parezca. O por el contrario; si te marchas, que no vuelvas, que te borres de mi memoria, de mi corazón, de mi alma, que luego no tenga que escribir estas líneas de nuevo, que dejes de ser musa, de ser inspiración, que dejes de decirme "sí, pero la situación es complicada". Que no me hagas más daño ocasional, ni seas recuerdos de diario.
Quiero un fin para este círculo vicioso, para este bucle que parece infinito. Quiero -a veces quiero- apuntar al destino a la cara con un revólver y decirle "se terminó la partida".
Y hasta entonces solo me queda sufrirte y amarte en silencio, compartir tu infierno y tus demonios, demostrarte que todo saldrá bien, encarrilarte de nuevo y verte marchar... Siempre con ella y no conmigo.



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