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M.

Ella sentía completa pasión por los desconocidos, por las cajas sin abrir, por las almas vendidas al diablo y perdidas en los más oscuros bosques. Por corazones como cubos de rubik imposibles, por los paisajes siempre lluviosos y cubiertos de niebla. Por la palidez enfermiza de las pieles, por las miradas que parecían vacías. Por las distancias, por los finales incógnita -o por los finales a secas-. 
Se podía enamorar de utópicos, de inalcanzables y llegar a sentir, como la realidad de la muerte, lo que todo el mundo llama "amor verdadero". Ella buscaba incomprendidos y difíciles porque sabía que eran los que más sorpresas escondían, los que más la llenaban aunque fuese de eones en eones. 
Ella no medía los siglos que pasaban entre "te quiero" sinceros, ella medía el tiempo por las veces que la miraban a los ojos y sentía que podía llegar la primavera en el invierno que contemplaba.
Se sentía realizada siendo la luz que asomaba entre tantas sombras, aunque ella misma se apagara muchas veces. 
Y no recuerdo la última vez que la volví a ver brillar.

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