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νεφέλη - βάτης

Nunca conocí a una persona más soñadora que ella.
Jugaba en los cementerios porque entre las tumbas sentía la paz, la tranquilidad de la eternidad, la felicidad en la tristeza. Sonreía incluso cuando no entendía lo que sucedía porque sabía que al final llegaría a comprender el sentido de todo.
Era buena amiga de su entorno; hablaba con el viento, consigo misma, con la nada... Mantenía su mente abierta hasta tal punto que sentía como podía correr en mundos fantásticos siendo samurai. El frío césped era como tumbarse en las nubes del cielo, aunque pinchara esa delicada piel.
Recuerdo la noche en la que le anunciaron que alguien había dejado esta vida... ¿Lo podrás creer? Incluso amando a esa persona con toda su alma no lloró, sólo dijo "está bien, ahora está bien".
Todo el mundo decía que era un alma feliz, inocente, tranquila. Todo el mundo no se podía equivocar.
Realmente era una especie fascinante; cuando sucedían grandes males sólo le provocaban buscar la alegría de debajo de las piedras. Y no creía en la magia de los tréboles de cuatro hojas, aunque se divertía buscándolos.
Pero no hay eternidades como esta, en algún punto de su vida todo le pareció sacado de un cuadro neoclasicista de terror. Las claridades se oscurecían por segundos y todo pasó a ser de un negro casi opaco.
Dejó de sonreír, dejó de mirar entusiasmada a su alrededor mientras caminaba. Dejó de ser ella; dejó de ser nefelibata.
A día de hoy algunos me dicen que la ven igual que antes; creyendo sólo en el lado bueno de todo, siendo feliz con lo que le ofrece la vida. Que la ven a través de mis ojos sonriendo, queriendo soñar de nuevo, queriendo soñar para siempre.
Pero yo sé que no, ella ya no existe, dejó de existir hace mucho. 
La realidad la asesinó y no quiso entregarme su cuerpo para organizarle un funeral justo.

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