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Soy, por ti, nada.

Es hipnótico el temblor de las hojas del otoño con el frío viento.
¿Así tiembla mi alma y mi cuerpo? 
Dímelo tú que me has observado durante tanto tiempo 
como si fuera sujeto de estudio. 
Dímelo tú que me has acariciado, 
me has golpeado y me has abierto heridas 
incluso donde no tenía antes de conocernos. 
Dime si soy así de frágil y de enferma. 
Tú que me conoces mejor que yo misma, 
¿o acaso me has estado probando con la vista cansada?

Odio sentirme así, tan observada, tan abierta, tan sincera a ti y que no me quede nada, que no tenga a qué aferrarme, que me falte tu apoyo, que me falte tu amor inexistente. Odio ser por ti, al parecer, y no tener a nadie por mí. 
Me enjaulaste como el cazador que se encapricha de un ave exótica. Me intentaste cuidar a base de bruto esfuerzo. Me adapté a ti con la fuerza y la velocidad de un tornado. Mi corazón consiguió grabarse a fuego tu nombre, mi cuerpo llevaba tu perfume favorito. Mis ojos, que normalmente parecen maldecir, te adoraron como a la obra más hermosa expuesta en el mejor de los museos. Me rehice por y para ti, y ahora siento que todo esto es síndrome de Estocolmo. Mientras parecía sentir amor, tú planeabas el más cruel de los crímenes. Un disparo limpio pero no letal para que me doliese por años. Años que no recuperaré porque este desastre y este sentimiento llevan tu nombre, tu rostro, tu mirada, tus manos, tu espalda, tu pecho y todas tus cicatrices que tanto acariciaba.
Podría estar exagerando, pero de todos mis redentores eres el que más me ha dolido, el que más he sentido, el que más he amado, el que más he anhelado, el que más he deseado, el que más

Tú eres más que nadie, 
más que yo, 
he aquí el problema.

Has conseguido que por ti ahora sea nada, nada para mí y nada para nadie. Porque tu voz resuena en mi cabeza, me llama y repite, una y otra vez, tus últimas palabras, que son como espinas de rosal clavándose por dentro de mi pecho. Y es un dolor que no se puede curar ni con el tiempo. Con la primavera va creciendo y esta tormenta interna lo va regando... 

Tú has, 
tú llenas mi ser 
aunque sea con desdicha,
ahora. 

Y como eres el que más, el único, no habrá jardineros que consigan arreglar este jardín enzarzado. Yo misma me he dado por vencida con las tijeras, de mí no tendrán ayuda. 

Pero tú, 
tú lo tendrás todo 
aunque no me quieras, 
porque soy nada,
aunque una vez dijiste
que era hasta tu vida.

Pero en tus mentiras descansa esta muerte mía. 
Gracias a ellas tú eres tú, y yo soy lo que hiciste por ti una vez, 
y nada más.

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