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Mostrando entradas de marzo, 2017

A ti.

Podría imaginar las líneas perfectas para nosotros, las más idílicas sólo para los dos. De verdad que podría, pero te estaría mintiendo.
Eres la flor más hermosa y exótica que ha llegado con toda su desbordante primavera a mí. Irradias el misterio y la poesía que tanto deseo en mi vida. Te guardaría en mis mayores anhelos bajo llave, y haría de ti inmortal historia. Pero no puedo. Porque para mí el futuro se presenta negro y un mundo en el que los dos coexistimos, no existe; de rocas afiladas se ve lleno nuestro camino. Uno de los dos acabaría muriendo de la pena en la realidad de la que tanto pienso. Y en el caso de que fuese yo nadie sentiría una pérdida mía más, fluiría ese hecho como el agua de un arroyo. Pero si llegaras a ser tú, nunca me perdonaría que todas tus flores no encontraran nunca más el color y se marchitaran, que todo tu arte se estancara en arenas movedizas, que no volviera a nacer tu primavera... El peso de esa culpa no la querría por egoísmo, porque no podría ser t…

Atardeceres.

Me sorprendió que volvieras.
Después de todas las guerras mundiales.
De todos los cuerpos arrasados
y de todas las almas que te cobraste.
De absorber mi corazón de manera insaciable.
De romper mi cuerpo por hacerme tu columna.
Me sorprendió, siendo tú tan grande y poderoso, 
que volvieras a levantar tu reino infernal en mí, 
jurando quedarte 
-para irte de nuevo
como bien sabemos los dos-.
Cuando soy pobre aldea devastada,
y te llevaste hace milenios
todas las riquezas que poseía.
Hasta la felicidad la tornaste en pasional desdicha
y como furioso dragón quemaste mi ser
para que nadie más quisiera vivir aquí.

De una capacidad infinita es mi pecho, tuyo.
De una ceguera motivo de brujería mis ojos,
que te han perdonado tanto.

Y sigo sin saber por qué has vuelto a mí.
Mi demonio favorito.


<<>> (2014)

M III.

Qué se podía esperar de una joven que al mirar a los ojos sentenciaba muertes. Que señalaba con su barbilla porque con el dedo te abría las llagas. Que cortaba manos de quienes osasen arrancar sus flores, y afilaba con cariño todas sus espinas. Qué se podía esperar de un cuerpo ardiente que desprendía un aura de soledad e invierno constante.
No se podía esperar nada.
Y en ese nada se escondía la mayor inocencia existida. Un ser mágico que miraba con asombro y curiosidad cómo era amar, que gruñia arisco con las caricias y los besos. Que rehuía de la felicidad que miraba atónita la belleza de sus flores y dejaba que sus espinas la arañasen.

Ella era la encarnación de los opuestos en un jarrón de porcelana fina, pero para los ciegos sólo era una incógnita. Y es por eso que muchos cuervos le han intentado sacar los ojos, y ningún fénix ha llegado a la página de su historia para convertirla en felices cenizas y gloriosa leyenda.


En lo obvio.

Me quisiste como al mar, y es bien sabido que el agua acaba calando en la arena.
No conforme con los deseos concedidos por el genio acabaste perdiendo en mí el hueco, que a pico de pala de sepulturero, te habías ganado. El nido que podía haber sido tu tumba de primavera se ha enfriado. Aquí no crecen cerezos ni almendros, aquí vuelan tus cenizas en cuanto otra persona me sopla un poquito en el pecho.
Podría decir que me arrepiento de haberte convertido en dios y arte cuando a ti sólo te importaba la electricidad de nuestros cuerpos en la cama. Pero no quiero escribir nunca más sobre las obviedades que te conciernen. He comprendido que no has sido historia mitológica con final, sólo un actor de relleno, y en este drama has actuado mejor que ninguno.
No quería desplegarme en toda mi ira y frialdad, pero has cumplido el sueño que siempre he tenido; ser bruja.