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A ti.

Podría imaginar las líneas perfectas para nosotros, las más idílicas sólo para los dos. De verdad que podría, pero te estaría mintiendo.
Eres la flor más hermosa y exótica que ha llegado con toda su desbordante primavera a mí. Irradias el misterio y la poesía que tanto deseo en mi vida. Te guardaría en mis mayores anhelos bajo llave, y haría de ti inmortal historia. Pero no puedo. Porque para mí el futuro se presenta negro y un mundo en el que los dos coexistimos, no existe; de rocas afiladas se ve lleno nuestro camino. Uno de los dos acabaría muriendo de la pena en la realidad de la que tanto pienso. Y en el caso de que fuese yo nadie sentiría una pérdida mía más, fluiría ese hecho como el agua de un arroyo. Pero si llegaras a ser tú, nunca me perdonaría que todas tus flores no encontraran nunca más el color y se marchitaran, que todo tu arte se estancara en arenas movedizas, que no volviera a nacer tu primavera... El peso de esa culpa no la querría por egoísmo, porque no podría ser tan egoísta de seguir viviendo con ella, y abandonaría al fin.

Eres el principio de muchas cosas, 
pero no quiero que seas el final.

He aquí el por qué no quiero escribir sobre ti. Me mueve el miedo y la soledad, el dolor del abandono, y todo el ruido que hacen los pedazos de un corazón que no sirve para nada más que llorar. 
Porque me han dejado así, 
viviendo de algo que ni vendo, ni vende. 
Si algún día tuviese que escribirte sería porque me dueles de una forma que no es amor. Y eres perfecto así como eres ahora; sin apresurarte por robarme el alma. Si te pudieras mantener en esa línea toda una vida sería lo más precioso que he llegado a vivir con alguien.

¿Podrías hacerme un favor? Olvídate de derretirme y agotar mis fuerzas de rehuirte. 


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