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En lo obvio.

Me quisiste como al mar, y es bien sabido que el agua acaba calando en la arena.
No conforme con los deseos concedidos por el genio acabaste perdiendo en mí el hueco, que a pico de pala de sepulturero, te habías ganado. El nido que podía haber sido tu tumba de primavera se ha enfriado. Aquí no crecen cerezos ni almendros, aquí vuelan tus cenizas en cuanto otra persona me sopla un poquito en el pecho.
Podría decir que me arrepiento de haberte convertido en dios y arte cuando a ti sólo te importaba la electricidad de nuestros cuerpos en la cama. Pero no quiero escribir nunca más sobre las obviedades que te conciernen. He comprendido que no has sido historia mitológica con final, sólo un actor de relleno, y en este drama has actuado mejor que ninguno.
No quería desplegarme en toda mi ira y frialdad, pero has cumplido el sueño que siempre he tenido; ser bruja.

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